El crecimiento de la inteligencia artificial está elevando la demanda eléctrica de los data centers y reforzando el rol del cobre como material estratégico para redes, infraestructura energética y sistemas digitales.
La inteligencia artificial no solo está transformando la economía digital. También está reordenando la demanda energética global y abriendo un nuevo frente para la minería: el consumo de cobre asociado a data centers, redes eléctricas e infraestructura de alta capacidad.
Detrás de cada modelo de IA, servicio en la nube o plataforma digital existe una cadena física intensiva en energía, transmisión, refrigeración, respaldo eléctrico y materiales críticos. En ese entramado, el cobre vuelve a aparecer como un insumo estratégico por su rol en cableado, sistemas de distribución, equipos eléctricos, transformadores, infraestructura de red y conexión de nueva capacidad energética.
La Agencia Internacional de Energía estima que el consumo eléctrico global de los data centers alcanzó cerca de 415 TWh en 2024, equivalente a aproximadamente 1,5% del consumo eléctrico mundial. El organismo proyecta que esa demanda podría duplicarse hacia 2030, llegando a alrededor de 945 TWh, con un crecimiento anual cercano a 15% entre 2024 y 2030.
El avance de la IA es uno de los factores que explica este salto. Según la IEA, el consumo eléctrico de servidores acelerados —vinculados principalmente a cargas de inteligencia artificial— crecería a una tasa anual de 30% en su escenario base, aportando cerca de la mitad del aumento neto de la demanda eléctrica global de data centers hacia 2030.
El fenómeno ya está modificando decisiones de inversión energética. Reuters informó que National Grid anunció una inversión de US$1.750 millones por una participación de 35% en Joulent, plataforma enfocada en desarrollar infraestructura eléctrica para data centers. El primer proyecto contempla una central a gas de 2,67 GW en Texas, desarrollada junto a Chevron, para abastecer un campus de Microsoft mediante un contrato de suministro a 20 años.
La señal es clara: la IA dejó de ser un tema exclusivamente tecnológico. Su expansión está impactando planificación eléctrica, transmisión, generación, disponibilidad de potencia y contratos de largo plazo. Reuters señaló además que la demanda eléctrica asociada a data centers que soportan servicios de inteligencia artificial generativa creció 17% en 2025, por encima del crecimiento de 3% de la demanda eléctrica global.
Para el mercado del cobre, este cambio abre un nuevo vector de demanda. S&P Global sostiene que el crecimiento de la IA y los data centers está impulsando inversiones tanto en uso directo de cobre —para distribución eléctrica, refrigeración e infraestructura TI— como en redes eléctricas necesarias para soportar esa nueva carga. La consultora advierte que, hacia 2030, los data centers podrían pasar de representar cerca de 5% a 14% de la demanda eléctrica de Estados Unidos, con el cobre como habilitador crítico de esa expansión.
El mismo estudio proyecta que la capacidad instalada global de data centers podría alcanzar aproximadamente 550 GW hacia 2040, más de cinco veces el nivel registrado en 2022. Además, estima que la demanda asociada a IA, data centers y defensa podría triplicarse hacia 2040, representando en conjunto 4 millones de toneladas métricas adicionales de cobre.
Este escenario refuerza una idea central para Chile: la demanda futura de cobre no estará determinada solo por electromovilidad, energías renovables o redes tradicionales. La infraestructura digital también comienza a instalarse como una fuente relevante de consumo, especialmente porque la IA necesita electricidad continua, centros de procesamiento de alta densidad y sistemas de respaldo altamente confiables.
La oportunidad es especialmente relevante para un país que busca posicionarse como proveedor estratégico de minerales críticos. Chile no solo produce cobre; también posee condiciones para vincular minería, energía renovable, almacenamiento, transmisión y servicios digitales. Esa convergencia abre una conversación más amplia sobre cómo capturar valor en una economía cada vez más electrificada y digital.
El fenómeno también tiene expresión local. De acuerdo con Energy Partnership Chile-Germany, la capacidad instalada de data centers en Chile, medida como carga TI, crecería desde 385,5 MW en 2025 hasta 596,24 MW en 2031. El mismo reporte recoge estimaciones atribuidas al Coordinador Eléctrico Nacional que proyectan que la demanda eléctrica de estos centros aumentaría 270% en cinco años, pasando de 325 MW en 2025 a 1.207 MW en 2030.
Ese crecimiento plantea oportunidades, pero también tensiones. Los data centers requieren electricidad estable, disponibilidad de transmisión, acceso a terrenos, seguridad hídrica para refrigeración y contratos de suministro renovable de largo plazo. En Chile, el desarrollo fuera de Santiago podría crecer con fuerza por restricciones de suelo y red en la capital, aunque también enfrenta desafíos asociados a disponibilidad eléctrica y escasez hídrica en determinadas zonas.
Para la minería, la expansión de la IA tiene una doble lectura. Por un lado, incrementa la demanda estructural de cobre y refuerza el rol del metal rojo en la economía digital. Por otro, aumenta la competencia por energía limpia, transmisión y soluciones de respaldo, justo cuando las faenas mineras también requieren más electricidad para plantas concentradoras, desalación, impulsión de agua de mar, automatización y descarbonización.
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