Del 17 al 19 de marzo, Santiago será escenario de un congreso centrado en el avance de la desalación y el reúso de aguas residuales en Chile, instancia que abordará el desarrollo de infraestructura hídrica y su aporte a la seguridad de abastecimiento.

En entrevista con MINERÍA CHILENA, Alberto Kresse, presidente de la Asociación Chilena de Desalación y Reúso (Acades), analiza cómo estas soluciones se consolidan como herramientas estructurales frente a la escasez, de la mano de innovación tecnológica y estándares ambientales cada vez más exigentes.

Asimismo, adelanta los principales ejes del encuentro y reflexiona sobre los desafíos regulatorios y de inversión que marcarán el crecimiento del sector en los próximos años.

¿De qué manera la desalación y el reúso de aguas residuales se han convertido en herramientas estructurales para fortalecer la seguridad hídrica del país?

La desalación y el reúso de aguas servidas le permiten a Chile pasar de administrar la escasez de agua en cuencas con déficit a construir seguridad hídrica. En un escenario en que Naciones Unidas ya describe como de “bancarrota hídrica” en algunas regiones del mundo, estas tecnologías permiten generar agua con continuidad, independencia del clima y control operativo, algo clave para sostener la minería, la industria y el crecimiento del país.

Esta transición que vive Chile no es una excepción, sino parte de una tendencia global. Países como Israel y Australia entendieron tempranamente que la seguridad hídrica no se resuelve proyecto a proyecto, sino mediante sistemas integrados de desalación, reúso y transporte de agua. El Acueducto Nacional de Israel y la SEQ Water Grid de Queensland permiten distribuir agua desde múltiples fuentes hacia distintos sectores productivos y comunidades, actuando como verdaderos respaldos estructurales frente a la escasez. Estas experiencias demuestran que cuando existe planificación, infraestructura compartida y reglas claras, la desalación puede escalar de forma costo-eficiente, habilitando el crecimiento económico y reduciendo la presión sobre las fuentes continentales.

¿Cuáles son los factores estructurales que están impulsando el aumento de la capacidad de desalación en Chile?

El crecimiento de la desalación responde a la necesidad de atender una demanda que no puede satisfacerse o asegurarse con las aguas pluviales o continentales. La minería entendió la importancia de asegurar su suministro de agua sin depender de factores externos, como el clima, y creemos que esto está siendo asimilado también por otros sectores, como la agricultura, la industria, el hidrógeno verde y el agua potable. Además, al invertir en infraestructura de largo plazo, la minería ha actuado como un verdadero motor de desarrollo, habilitando soluciones que trascienden a una sola actividad.

A esta demanda estructural se suma una combinación de urgencia hídrica, madurez tecnológica y decisión estratégica del sector productivo. Hoy la desalación es más eficiente, más confiable y más sostenible, gracias a su integración con energías renovables, mejores diseños y altos estándares ambientales.

¿Qué proyecciones existen respecto al crecimiento del uso de agua desalinizada en Chile en los próximos años?

Las estimaciones muestran que el crecimiento del uso de agua desalada en Chile no es marginal, sino estructural. Según proyecciones de Cochilco, el consumo total de agua en la minería del cobre podría aumentar desde niveles del orden de 18 a 19 m³/s en 2023 a más de 22 m³/s hacia 2034, y lo más relevante es el cambio en la matriz: el uso de agua de mar pasaría de alrededor de un 36% del total a más de un 66% en la próxima década. Eso confirma que la desalación dejó de ser una solución complementaria y se está convirtiendo en el principal pilar de abastecimiento del sector.

Este crecimiento se concentrará principalmente en el norte y norte chico, especialmente en regiones como Antofagasta, Atacama y Coquimbo, donde la presión sobre las fuentes continentales es mayor. Este año esperamos que comience el funcionamiento de Aguas Pacífico, en Puchuncaví; del proyecto C20+ de Collahuasi, al sur de Iquique; y de los proyectos Aguas Horizonte y Nueva Centinela, en Antofagasta, lo que representa un aumento de alrededor del 30% de la capacidad de la actual producción de agua desalada en Chile.

El catastro CBC-Acades, que se dará a conocer en el día cero del Congreso Acades, da cuenta de esta tendencia: hoy existen más de 60 proyectos de infraestructura hídrica no convencional, en distintas etapas de desarrollo, por más de US$25.000 millones, incluyendo 38 plantas desaladoras y 20 sistemas de transporte de agua, muchos de ellos con vocación multipropósito. Esa cartera muestra que Chile ya no sólo está produciendo más agua, sino que está proyectando la infraestructura necesaria para transportarla, compartirla y escalarla, algo clave para sostener el crecimiento de la minería y habilitar el desarrollo de otros sectores productivos y abastecer a las personas.

Lea la entrevista completa en MINERÍA CHILENA.

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Presidente de Acades: “El crecimiento del uso de agua desalada en Chile no es marginal, sino estructural”

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