La actualización climática para julio-septiembre de 2026 anticipa un rápido fortalecimiento de El Niño, temperaturas sobre lo normal en gran parte del planeta y señales de menor lluvia en zonas clave.

La actualización climática estacional para julio, agosto y septiembre de 2026 anticipa un escenario de alta sensibilidad para el sector energético global. El informe proyecta un rápido desarrollo hacia un evento fuerte de El Niño, temperaturas sobre lo normal en amplias zonas del planeta y cambios relevantes en los patrones de lluvia.

El impacto energético no se produce por una sola vía. Un evento de este tipo puede aumentar la demanda eléctrica por refrigeración, alterar la generación hidroeléctrica, tensionar redes de transmisión, afectar centrales térmicas y nucleares por temperatura o disponibilidad de agua, y elevar la necesidad de respaldo flexible mediante baterías, gas o centrales de rápida respuesta.

La Agencia Internacional de Energía advierte que el cambio climático y los eventos extremos ya afectan todos los segmentos del sistema eléctrico: generación, transmisión, distribución y demanda. También señala que olas de calor, incendios, ciclones e inundaciones se han convertido en causas relevantes de interrupciones de gran escala en distintos sistemas eléctricos.

Más calor significa más demanda eléctrica

El primer efecto esperable es un aumento de la demanda eléctrica asociada a refrigeración.

Cuando las temperaturas se ubican sobre lo normal, sube el uso de aire acondicionado en hogares, comercio, servicios, industria y minería. Esto eleva la demanda en horas punta, especialmente durante la tarde y la noche, cuando parte de la generación solar comienza a caer.

Un ejemplo reciente se observa en Estados Unidos: durante la semana terminada el 4 de julio de 2026, la generación eléctrica superó por primera vez los 100.000 GWh semanales, impulsada por una ola de calor y mayor uso de aire acondicionado, según datos citados por Reuters.

Para los sistemas eléctricos, el problema no es solo consumir más energía, sino sostener los peaks de demanda. Eso exige mayor disponibilidad de generación flexible, transmisión suficiente, reservas operacionales y almacenamiento.

Hidroelectricidad: el punto más sensible en América Latina

El segundo efecto está en la hidroelectricidad. América Latina depende fuertemente de la generación hidroeléctrica. La IEA estima que la hidroelectricidad representa cerca del 45% del suministro eléctrico regional, lo que convierte a la variabilidad de lluvias y caudales en una variable crítica para la seguridad energética.

La actualización climática proyecta señales secas en partes de Centroamérica, el Caribe y el noroeste de Sudamérica, junto con anomalías de precipitación propias de una respuesta atmosférica fuerte a El Niño. En sistemas con alta participación hidro, una reducción de lluvias puede traducirse en menor generación, menor nivel de embalses y mayor despacho térmico.

La IEA ya había advertido que el cambio climático incrementa la variabilidad de caudales, modifica flujos estacionales y aumenta pérdidas por evaporación en embalses, afectando la generación hidroeléctrica en la región.

Además, sus escenarios proyectan una caída promedio del factor de planta hidroeléctrico regional de alrededor de 8% entre 2020 y 2059 frente al período base 1970-2000. Para Argentina y Chile, el organismo identifica una disminución consistente del factor de planta hidro por menor precipitación y escorrentía en el largo plazo.

Menos agua puede significar más gas, diésel o carbón

Cuando baja la disponibilidad hidroeléctrica, los sistemas eléctricos suelen compensar con generación térmica, importaciones, almacenamiento o gestión de demanda.

Ese reemplazo puede aumentar los costos marginales, elevar precios spot y presionar emisiones, especialmente si el respaldo proviene de carbón, gas natural o diésel.

Este riesgo es particularmente relevante para países con matrices hidrodependientes o con baja holgura de transmisión. En episodios secos, el sistema no solo debe generar más con fuentes térmicas: también debe cuidar embalses, administrar reservas y evitar llegar a meses críticos con menor agua disponible.

Centrales térmicas y nucleares también pueden perder eficiencia

El calor no solo aumenta la demanda. También puede reducir la eficiencia o disponibilidad de algunas centrales. Las centrales térmicas y nucleares requieren sistemas de enfriamiento. Cuando ríos o cuerpos de agua alcanzan temperaturas elevadas, algunas unidades pueden verse obligadas a reducir potencia para cumplir normas ambientales o evitar impactos térmicos.

Europa mostró esta vulnerabilidad recientemente: temperaturas elevadas y bajo nivel de lluvias afectaron ríos en Francia, generando restricciones para centrales nucleares que dependen de agua fluvial para refrigeración, mientras la demanda eléctrica aumentaba por aire acondicionado.

La señal es importante para planificación energética: en olas de calor, puede coincidir una mayor demanda con menor eficiencia de generación y redes más exigidas.

Redes eléctricas bajo mayor estrés físico

El tercer frente está en transmisión y distribución. Temperaturas altas pueden reducir la capacidad de transporte de algunas líneas, aumentar pérdidas eléctricas y acelerar el desgaste de componentes. Eventos extremos, como tormentas, incendios, vientos o inundaciones, también elevan el riesgo de fallas físicas en infraestructura.

La IEA plantea que la resiliencia eléctrica debe considerar endurecimiento físico de redes, mejores sistemas de monitoreo, planificación de recuperación y coordinación operativa.

Esto adquiere especial relevancia para países que están incorporando más generación renovable variable, porque la seguridad del sistema depende cada vez más de redes robustas, almacenamiento, pronósticos y flexibilidad.

Solar, eólica y almacenamiento: efectos mixtos

Para las energías renovables variables, el efecto de El Niño no es lineal. En zonas más secas, una menor nubosidad puede favorecer la generación solar. Sin embargo, temperaturas demasiado altas reducen la eficiencia de los paneles fotovoltaicos y pueden afectar equipos eléctricos.

En el caso eólico, los impactos dependen de cambios regionales en los patrones de viento. No basta con saber que habrá El Niño: se requiere pronóstico local y modelación por zona de recurso.

El almacenamiento gana importancia en este escenario. BESS, centrales de bombeo y otras tecnologías permiten desplazar energía desde horas de alta generación renovable hacia horas de mayor demanda o menor producción solar y eólica.

Qué implica para Chile

Para el sector energético nacional, el principal mensaje no es que El Niño sea automáticamente negativo o positivo, sino que aumenta la necesidad de gestión climática del sistema.

En Chile, un evento El Niño puede traer más precipitaciones en algunas zonas del centro-sur durante ciertos períodos, lo que podría aliviar parcialmente la hidrología. Pero también puede venir acompañado de eventos extremos, mayor isoterma cero, crecidas, remociones en masa, cortes de rutas, afectación de infraestructura y mayores exigencias sobre la red.

La semana pasada, por ejemplo, un sistema frontal afectó al centro-sur del país, con alerta roja en Molina por desborde de río y alertas preventivas en comunas precordilleranas de Santiago por riesgo de aluviones y derrumbes.

En términos energéticos, esto obliga a mirar tres variables: embalses y caudales para generación hidroeléctrica; disponibilidad de transmisión frente a eventos extremos; y capacidad de respaldo para cubrir demanda en días de calor o contingencias.

Efectos para minería e industria

Para la minería y la industria intensiva en energía, el impacto principal es la seguridad de suministro. Olas de calor elevan consumos asociados a climatización, ventilación, bombeo y procesos auxiliares. Al mismo tiempo, una menor disponibilidad hidro o restricciones térmicas pueden elevar costos eléctricos o aumentar la exposición a precios spot para quienes no tengan coberturas adecuadas.

El escenario también refuerza el valor de contratos eléctricos con flexibilidad, almacenamiento, respaldo, gestión de demanda y monitoreo climático-operacional.

En faenas ubicadas en zonas expuestas a lluvias intensas, aluviones o cortes de ruta, la energía deja de ser solo una variable de precio: pasa a ser una condición de continuidad operacional.

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