El gobierno de Laura Fernández elevó a prioridad legislativa la reapertura controlada del yacimiento de oro Crucitas, desafiando la prohibición más restrictiva de minería a cielo abierto en América Latina y reactivando el debate sobre compatibilidad entre extracción de recursos y sostenibilidad ambiental.

La presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, ha elevado la reapertura del yacimiento aurífero Crucitas a las prioridades legislativas de su administración, poniendo a prueba una de las políticas más restrictivas de minería metálica en América Latina e intensificando un debate nacional sobre la posibilidad de que la extracción de recursos coexista con la identidad ambiental del país.

Fernández, quien asumió el cargo el 8 de mayo tras su victoria electoral en febrero, incluyó el proyecto de ley 24.717 en la agenda de sesiones extraordinarias de la Asamblea Legislativa apenas cuatro días después de su toma de posesión. La medida permitiría exploración y minería de oro exclusivamente en el distrito de Cutris de San Carlos, hogar del depósito Crucitas en una extensión de 84.800 hectáreas, mientras preservaría la prohibición nacional más amplia sobre minería de metales a cielo abierto.

La propuesta representa un giro abrupto para un país que ha construido gran parte de su reputación internacional en conservación, ecoturismo y desarrollo sostenible. Funcionarios del gobierno argumentan que la prohibición minera actual ha fracasado en prevenir actividad en Crucitas, permitiendo en cambio que operadores ilegales expandan operaciones sin control, frecuentemente usando mercurio y cianuro sin supervisión ambiental.

Gobernanza sobre geología

El debate se centra cada vez más en control institucional que en la minería en sí. Costa Rica mantiene un sector activo de minería no metálica que suministra agregados, caliza, sílice y materiales industriales para construcción e infraestructura.

Según analistas de Geopolitical Mining, Crucitas ejemplifica “minería anómica”—situaciones donde regulaciones formales permanecen vinculantes legalmente pero ya no gobiernan actividad real en terreno. La pregunta central es si el estado puede gestionar extracción mineral más efectivamente que las redes ilegales ya operando en la región.

La legislación propuesta asignaría concesiones mineras mediante subastas públicas administradas por la Dirección de Geología y Minas bajo el Ministerio de Ambiente y Energía. Las empresas deberían demostrar experiencia técnica, capacidad financiera y registros ambientales aceptables antes de calificar para participar. El proyecto propone una regalía mínima del 5% sobre ventas brutas de minerales, con ingresos distribuidos al gobierno central (más del 70%) y asignaciones menores a municipalidades y asociaciones de desarrollo local.

Juan Carlos Guajardo, director ejecutivo de la consultora minera Plusmining, señaló que el argumento del gobierno sobre que la minería regulada podría reducir daño ambiental es plausible pero lejos de garantizado. Las operaciones mineras formales funcionan bajo estándares ambientales significativamente superiores a mineros ilegales mediante depósitos de relaves diseñados, sistemas de gestión hídrica, controles químicos y planes de cierre legalmente ejecutables.

Sin embargo, el desplazamiento exitoso de minería ilegal requiere medidas más amplias incluyendo control territorial, enforcement contra redes criminales, sistemas de trazabilidad de oro y oportunidades económicas alternativas para personas dependientes de minería informal.

“El desafío no es simplemente reemplazar minería ilegal con legal,” explicó Guajardo. “La pregunta más profunda es si Costa Rica puede transformar un pasivo ambiental que contradice su modelo de desarrollo en oportunidad de generar valor económico, restaurar ecosistemas dañados y reforzar credenciales de sostenibilidad.”

Obstáculos legislativos y riesgo político

A pesar del respaldo gubernamental, el proyecto 24.717 enfrenta obstáculos legislativos sustanciales. La medida ha pasado revisión de comisión y ganó respaldo de la Comisión Especial de Alajuela en septiembre de 2025, pero ahora enfrenta el pleno legislativo, donde diputados opositores han presentado cientos de mociones dilatorias.

La oposición de miembros del partido izquierdista Frente Amplio y facciones del Partido Liberación Nacional argumentan que reapertura de minería a cielo abierto amenazaría ecosistemas sensibles y socavaría décadas de política ambiental. Organizaciones ambientales han movilizado similar oposición.

El debate carga peso del legado de la minera canadiense Infinito Gold. La concesión de la empresa fue anulada por cortes costarricenses en 2010, el mismo año que diputados votaron prohibir nueva minería de metales a cielo abierto. Infinito subsecuentemente persiguió arbitraje internacional contra el estado, disputa que terminó a favor de Costa Rica en 2021 cuando tribunal internacional declinó otorgar daños. La empresa abandonó su intento de anular el fallo en 2024, removiendo incertidumbre legal mayor sobre el proyecto.

Fernández ha indicado podría perseguir referéndum nacional si legisladores rechazaban el proyecto—perspectiva sirviendo como ruta potencial alrededor de bloqueo legislativo y como palanca sobre diputados indecisos. La administración cree argumentos centrados en empleo, desarrollo económico local, seguridad pública y minería ilegal podrían resonar con votantes.

Señal de inversión y economía del proyecto

Para inversionistas mineros, la significancia de la propuesta se extiende más allá de Crucitas. Costa Rica ha rangueado entre jurisdicciones menos accesibles de América Latina para minería metálica. Disposición gubernamental a reconsiderar prohibición histórica señala apertura potencial a inversión en recursos bajo condiciones cuidadosamente controladas.

Crucitas representa proyecto aurífero de tamaño medio por estándares latinoamericanos en lugar de descubrimiento de clase mundial comparable a depósitos andinos mayores. Estudios técnicos anteriores encontraron depósito económicamente viable a precios de oro entre US$1.000–US$1.300 por onza, comparado con precios spot actuales cerca de US$4.000 por onza, sugiriendo activo podría atraer atención seria si barreras legales se remueven.

Sin embargo, compañías mineras mayores probablemente aplicarían descuentos político y ESG sustanciales a cualquier evaluación debido a historia de Crucitas de litigio, controversia ambiental, daño reputacional y actividad minera ilegal. Juniors y productores de mediano tamaño podrían mostrar interés, aunque muchos operadores mayores requerirían aseguramientos legales y de seguridad superiores.

Aprobación del proyecto 24.717 probablemente señalaría Costa Rica dispuesta a reapertura de discusión minera, pero aprobación legislativa sola no cambiaría materialmente percepciones de riesgo regulatorio. Mayor prueba del proyecto yace en gobernanza en lugar de geología.

Desafío ambiental y de gobernanza más amplio

El debate refleja desafío creciente encarado por gobiernos atravesando América Latina al equilibrar desarrollo de recursos, protección ambiental y crecimiento económico.

Minería legal sola es improbable elimine actividad ilegal. Expertos señalan Perú y Colombia como ejemplos donde operadores ilegales frecuentemente se reubican a menos gobiernos simultáneamente fortalezcan enforcement e mejoren sistemas de trazabilidad de oro. Futuro concesionario de Crucitas podría necesitar ayudar financiar restauración de áreas ya dañadas por minería ilegal para construir credibilidad pública.

Riesgo reputacional mayor de Costa Rica podría no provenir de minería formal misma, sino de fracaso en controlar economía minera ilegal que continúa dañar bosques, vías acuosas y comunidades locales fuera supervisión regulatoria. Gobierno debe claramente distinguir entre minería accountable y regulada versus extracción informal si espera preservar credenciales de conservación.

Bien proyecto 24.717 tenga éxito o fracase, Fernández ha ya remodelado conversación. Debate ahora se extiende mucho más allá proyecto aurífero singular. Ha devenido test de si Costa Rica puede restaurar control ambiental e institucional sobre territorio ya afectado por minería ilegal mientras preserva identidad enfocada-conservación que sustenta mucha reputación internacional.

Si exitoso, Crucitas podría devenir modelo de cómo gobiernos abordan extracción ilegal ambientalmente dañina mediante regulación formal, enforcement y remediación. Si fracasa, críticos argumentan podría reforzar preocupaciones minería y desarrollo enfocado-conservación permanecen fundamentalmente incompatibles. Resultado moldeará no solo futuro de Crucitas, sino también cómo inversionistas evalúan credibilidad regulatoria y riesgo político de Costa Rica largo-plazo.

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