Más de 80% de las megainiciativas mineras y de metales desarrolladas recientemente en el mundo han registrado sobrecostos o retrasos en sus plazos.

Los grandes proyectos mineros enfrentan niveles crecientes de complejidad técnica, ambiental, territorial, constructiva y operacional. En ese escenario, los retrasos y sobrecostos no suelen responder a un único factor, sino a variables que no fueron suficientemente identificadas, integradas o dimensionadas durante las etapas iniciales del proyecto.
Los análisis recientes muestran la magnitud del problema a nivel global. Más de 80% de las principales iniciativas de minería y metales desarrolladas en los últimos años ha excedido los presupuestos o los plazos previstos, con desviaciones de capital superiores a 40% y demoras superiores al 20% -30% del plazo previsto. En los megaproyectos de US$1.000 millones o más, la brecha es aún mayor: el gasto final supera en al menos 70% las proyecciones iniciales y los atrasos alcanzan un promedio de 50% por sobre el tiempo estimado inicialmente.
Aproximadamente 2/3 de estos sobrecostos y atrasos se explican por evaluaciones iniciales incompletas, mientras que el tercio restante se relaciona con problemas de ejecución. Esto refuerza la idea de que una buena parte del riesgo de un proyecto minero se decide antes que comience su construcción.
De acuerdo con un análisis realizado por SLR Consulting de datos públicos obtenidos del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) de Chile de los 355 proyectos con RCA aprobada en el último año, la tramitación duró un promedio general de 487 días (16 meses aproximadamente). Asimismo, un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) demora en promedio 35 meses versus 13 meses de una Declaración de Impacto Ambiental. Además, 86% de los proyectos con RCA aprobada del último año corresponden a DIAs. En tanto, por monto de inversión, los proyectos sobre US$500 millones demoran alrededor de 807 días en ser aprobados versus los 480 días que promedian los proyectos con inversiones menores a esa cifra.
SLR ha trabajado en la integración de metodologías como el Índice de Calificación de Definición de Proyecto (PDRI) y el Nivel de Preparación Tecnológica (TRL) para evaluar, de forma conjunta, tanto la claridad del alcance de un proyecto como la madurez de las tecnologías que planea utilizar. La metodología PDRI para proyectos mineros contempla 180 elementos de definición del alcance distribuidos en 18 categorías, y una puntuación de 200 o menos —en una escala que va de 0 a 1.000— aumenta considerablemente la probabilidad de éxito del proyecto.
A juicio del Líder del Sector Minero de SLR para Latam, Jaime Solari, “cuando un proyecto minero enfrenta retrasos o sobrecostos, rara vez se trata de un solo error. Generalmente es la acumulación de riesgos técnicos, ambientales, comunitarios o territoriales que no se identificaron o trataron con suficiente profundidad desde el inicio. Por eso insistimos en que las definiciones y planificación temprana no son un trámite, sino la base sobre la que se construye la viabilidad de todo el proyecto”.
En Chile, un proyecto de gran minería con tranques de relaves u obras hidráulicas, uno de los procesos más complejos del sistema, puede demorar hasta 138 meses (11,5 años) si requiere un Estudio de Impacto Ambiental (EIA), según datos publicados por el Ministerio de Hacienda a inicios de 2024.
Según Solari “combinar una evaluación rigurosa del alcance con una mirada clara sobre la madurez tecnológica y de ingeniería del proyecto permite anticipar dónde están los verdaderos puntos de riesgo de un proyecto, antes de que se conviertan en sobrecostos o en modificaciones sobre la marcha. Es una forma de tomar mejores decisiones cuando todavía es barato tomarlas”.
Para SLR, este tipo de enfoque cobra especial relevancia en el contexto chileno, donde los tiempos de tramitación ya son extensos y donde una caracterización temprana e integral, que incorpore variables técnicas, ambientales, sociales, territoriales y de infraestructura, puede marcar la diferencia entre un proyecto que avanza con certeza y uno que enfrenta modificaciones, paralizaciones o rediseños en etapas avanzadas.
El ejecutivo concluye que “la planificación inicial no elimina la complejidad de un proyecto minero, pero sí permite abordarla con anticipación, en lugar de reaccionar cuando ya hay decisiones tomadas y recursos comprometidos”.
Fuente: Portal Minero



