Una investigación liderada por la Usach propone un modelo de economía circular para enfrentar la sequía, transformando los residuos de la vendimia y el acero en energía limpia y agua apta para el riego agrícola.
Chile ya suma más de 15 años de sequía consecutiva, según los registros de la Dirección General de Aguas (DGA). Esta crisis hídrica obliga a los sectores productivos a buscar alternativas urgentes para gestionar sus ruidos. En ese escenario, la industria vitivinícola, donde el país destaca como el cuarto exportador mundial, genera millones de litros de aguas residuales durante la vendimia, el lavado de estanques y la fermentación.
Debido a su alta carga de materia orgánica, estos ruidos presentan un riesgo ambiental si no reciben un tratamiento adecuado. Para abordar este problema, la Dra. Yeney Lauzurique, académica del Departamento de Ingeniería Química y Bioprocesos de la Universidad de Santiago de Chile (USACH), lidera un proyecto que plantea una solución compartida con otra gran actividad nacional: la minería.

Fermentación oscura y residuos mineros
La iniciativa, desarrollada en el Laboratorio de Biotecnología Ambiental Dr. Silvio Montalvo (Labiotam), propone transformar las aguas residuales vitivinícolas en biohidrógeno mediante fermentación oscura. Este proceso biológico utiliza microorganismos que degradan la materia orgánica sin necesidad de oxígeno.
<p“Lo que buscamos es conectar distintas problemáticas ambientales mediante un enfoque de economía circular, donde los residuos de una industria puedan transformarse en recursos útiles para otra”, explicó la investigadora.La clave del proyecto radica en acelerar este proceso usando desechos sólidos de la minería y la metalurgia, específicamente virutas de acero ricas en hierro, materiales que hoy requieren una disposición especializada.
<p“El hierro es fundamental para el funcionamiento de enzimas involucradas en la producción de biohidrógeno. En lugar de utilizar aditivos químicos costosos, proponemos emplear residuos industriales abundantes en Chile”, señaló la académica.Agua recuperada para el riego agrícola
El plan científico no se detiene en la generación del vector energético. Tras obtener el biohidrógeno, el sistema incorporará una segunda etapa con generación de biometano (digestión anaerobia) o tecnologías avanzadas de oxidación electroquímica para terminar de depurar el recurso hídrico.
El resultado final apunta a obtener un efluente purificado de alta calidad, abriendo la puerta directa a la reutilización de agua en el sector agrícola, una de las áreas más golpeadas por la escasez hídrica en la zona central.
Tres años de escalamiento técnico
La investigación tiene un plazo de ejecución de tres años. Durante la primera fase, el equipo medirá el impacto exacto de los residuos mineros y las virutas de acero en el rendimiento del biohidrógeno.
En las siguientes etapas se analizará el comportamiento del sistema bajo condiciones similares a las de una planta a escala industrial, concluyendo con un análisis de viabilidad técnica y económica de la integración tecnológica.



