Mientras más del 50% del cobre chileno se exporta como concentrado y se proyecta que esa cifra supere el 70% en 2030, las fundiciones operan con costos más altos a nivel global. En este contexto, la nueva norma de emisiones refuerza la urgencia de inversiones y modernización.
Chile enfrenta un escenario crítico en su cadena de valor del cobre. Más de la mitad de la producción se envía al extranjero como concentrado, sin procesos de refinación local, y se estima que este porcentaje podría superar el 70% hacia 2030. Esto reduce la captura de valor en el país y limita la generación de empleos y encadenamientos productivos en torno a la industria metalúrgica.
Comparación global: China lidera con bajos costos
El contraste internacional es marcado. China concentra cerca del 40% de la capacidad mundial de fundición, con proyecciones de alcanzar el 50% en los próximos años, y opera con costos en el primer cuartil global. En cambio, las fundiciones chilenas se ubican en el tercer y cuarto cuartil, lo que refleja una clara desventaja competitiva. Entre los factores que explican esta brecha destacan los mayores costos de energía, la mano de obra más cara, la menor flexibilidad comercial y la antigüedad de la infraestructura nacional.
Pese a los costos, Gustavo Sánchez, Senior Project Manager en Aurys Consulting en conversación con Reporte Minero y Energético, sostiene que existen razones estratégicas para mantener las fundiciones en operación. Estas incluyen la posibilidad de acceder a mercados como Estados Unidos y Brasil con cobre refinado de alta pureza, la reducción de impurezas presentes en el concentrado chileno y los beneficios reputacionales asociados a contar con producción de ánodos de mayor calidad. También se mencionan ventajas logísticas y la opción de recuperar metales valiosos presentes en los concentrados, como oro, plata o platino.
Baja probabilidad de nuevas fundiciones
La apertura de nuevas fundiciones en Chile es considerada poco probable en el corto y mediano plazo, principalmente por las dificultades financieras y los riesgos asociados a grandes inversiones. El camino más factible es la modernización parcial de plantas existentes, aunque muchas de ellas operan con infraestructura obsoleta y resultados negativos. Esto hace más complejo justificar recursos frescos, pese a la importancia estratégica que tiene el proceso en la cadena del cobre.
LEER TAMBIÉN: Primer Tribunal Ambiental admite reclamación de Engie por revisión de la RCA de la Central Térmica Andino
Las oportunidades de mejora se centran en dos áreas: la introducción de tecnologías que aumenten la productividad y pureza del cobre refinado, y la reducción de la exposición de trabajadores a riesgos críticos en entornos de alta temperatura y manipulación manual. La automatización de procesos, junto con inversiones en seguridad, permitiría no solo reducir costos operativos, sino también avanzar hacia una industria más segura y sostenible.
Nueva norma de emisiones: presión regulatoria y competitiva
A esta realidad se suma la reciente aprobación de la norma de emisiones para fundiciones de cobre y fuentes de arsénico, que exige capturas progresivas de contaminantes: hasta un 98% en instalaciones existentes y 99,5% en las nuevas. Para los especialistas, esta regulación añade un sentido de urgencia a la modernización, alineando al sector con estándares internacionales y evitando riesgos reputacionales en mercados que demandan cobre verde y producción ambientalmente responsable.
Si vas a utilizar contenido de nuestro diario (textos o simplemente datos) en algún medio de comunicación, blog o Redes Sociales, indica la fuente, de lo contrario estarás incurriendo en un delito sancionado la Ley Nº 17.336, sobre Propiedad Intelectual. Lo anterior no rige para las fotografías y videos, pues queda totalmente PROHIBIDA su reproducción para fines informativos.
COMENTA AQUÍ
Este contenido lo puedes visitar en la página de sus creadores en:
