La inflación energética interanual pasó de 2,12% en marzo a 6,41% en mayo de 2026. En junio, la gasolina permanecía 16% sobre su nivel previo al conflicto en Medio Oriente y el diésel, 13% por encima.
La inflación energética interanual de América Latina y el Caribe se aceleró con fuerza durante el segundo trimestre de 2026, pasando de 2,12% en marzo a 6,41% en mayo, mientras los precios regionales de la gasolina y el diésel permanecieron en junio por encima de los niveles observados antes del conflicto en Medio Oriente.
De acuerdo con el Reporte de Inflación Energética 26 de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), el indicador avanzó a 4,52% en abril y luego escaló a 6,41% en mayo, después de haber tocado en febrero niveles cercanos a cero.
La aceleración contrasta con una inflación total regional más estable, que cerró mayo en torno a 4,13%, según el gráfico del reporte, ampliando la brecha entre la evolución general de precios y el comportamiento específico del componente energético.
Gasolina se mantiene 16% sobre nivel previo al conflicto
La presión también se observa directamente en los combustibles.
El informe señala que, al cierre de junio de 2026, el precio promedio regional de la gasolina seguía 16% por encima del nivel registrado antes del conflicto en Medio Oriente, mientras el diésel se mantenía 13% sobre ese valor de referencia.
La trayectoria no ha sido idéntica para ambos productos.
La gasolina mostró mayor resistencia a la baja durante junio, mientras el diésel registró una corrección parcial en la última semana del mes, aunque sin retornar a los precios previos al conflicto.
El gráfico de la página 4 del reporte muestra que, entre fines de marzo y fines de junio, el precio promedio de la gasolina pasó desde aproximadamente US$1,19 por litro a US$1,38 por litro, mientras el diésel avanzó desde cerca de US$1,12 a US$1,26 por litro, tras alcanzar niveles superiores durante el período.
Choque energético se transmite más rápido que la inflación general
La diferencia entre la inflación energética y el índice general responde, según OLACDE, a la mayor exposición del sector energético frente a las variaciones del petróleo y los combustibles internacionales.
Las tensiones geopolíticas, los riesgos de suministro y la volatilidad del mercado petrolero inciden directamente sobre los costos de importación, refinación, transporte y comercialización en la región.
El índice general, en cambio, incorpora una canasta más amplia de bienes y servicios, lo que permite absorber de forma más gradual los shocks concentrados en sectores específicos.
Por esta razón, mientras la inflación total mostró variaciones moderadas en los últimos meses, la energía pasó rápidamente desde niveles cercanos a cero a una tasa superior al 6%.
La baja internacional del crudo no llega inmediatamente al consumidor
El reporte también advierte que la transmisión entre los precios internacionales del petróleo y los valores pagados por los consumidores finales no es automática ni homogénea.
Entre los factores que pueden retrasar una reducción aparecen los inventarios adquiridos a precios anteriores, costos de refinación, transporte, seguros, márgenes de comercialización, impuestos, subsidios y mecanismos nacionales de estabilización de precios.
Esto explica que las presiones internas puedan persistir incluso cuando los mercados globales comienzan a registrar cierta moderación.
En la práctica, cada país enfrenta una combinación distinta de impuestos, subsidios y políticas de estabilización, por lo que la misma variación internacional puede traducirse de forma diferente en los precios finales.
La energía vuelve a convertirse en una fuente de presión para la región
El cambio es significativo porque se produce después de un período de moderación. Durante gran parte de 2025, la inflación energética regional siguió una trayectoria descendente, llegando en febrero de 2026 a su menor nivel del período analizado.
La situación cambió desde marzo, cuando comenzó una aceleración que llevó la tasa a 2,12%, luego a 4,52% y finalmente a 6,41% en mayo. La tendencia vuelve a poner atención sobre el impacto que los costos energéticos pueden tener sobre otras actividades económicas.
El transporte, la logística, la industria y las cadenas de distribución reciben directamente una parte de este aumento, aunque el efecto sobre la inflación general puede aparecer con rezago y distinta intensidad.
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