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Electrificación de flotas mineras: más allá del piloto exitoso

Expertos de GHD analizan la electrificación de flotas de carga pesada en minería: infraestructura, viabilidad económica y estrategias de transición progresiva.









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Expertos de GHD analizan qué hace viable la transición a vehículos eléctricos en operaciones de carga pesada, integrando infraestructura energética, análisis operacional y modelos de inversión.

Un camión eléctrico desciende desde una operación minera ubicada a más de 2.000 metros de altura, transporta su carga completa cientos de kilómetros y llega a destino con energía disponible. Sin embargo, una prueba exitosa no garantiza que la operación esté lista para reemplazar su flota diésel.

Entre una validación técnica y una decisión de inversión existe una brecha operacional significativa. Electrificar una flota minera requiere demostrar que la solución no afectará la producción, además de asegurar la energía y la infraestructura necesaria, sustentar el caso económico y definir su implementación. Esto es especialmente relevante para Chile, país minero productor de cobre y litio esenciales para la transición energética global.

“La electrificación no es solo un cambio de tecnología. Es una transformación operacional que conecta transporte, energía, infraestructura y decisiones de largo plazo”, señala Kerstin Lukrafka, Líder del Equipo de Energía de GHD en Chile.

La operación define la solución tecnológica

En minería, una ruta es mucho más que distancia. Pendientes, carga útil y condiciones de operación pueden hacer que el consumo energético de un camión de carga pesada varíe entre 0,8 y 3,0 kWh/km, según pruebas piloto, obligando a evaluar cada caso específico.

Por ello, la electrificación no puede evaluarse con rendimientos promedio, sino considerando las características específicas de cada operación. El mercado dispone de cargadores de más de 300 kW, capaces de alcanzar cargas de 0% a 100% de la batería entre una y tres horas, dependiendo del estado de carga y del equipo instalado.

El análisis debe comenzar por comprender cómo opera realmente la flota: qué nivel de servicio debe mantener, cuánto material transporta, con qué frecuencia circula y qué oportunidades existen para cargar dentro de la operación.

“Un piloto es valioso, pero debe formar parte de una evaluación más amplia. No basta con confirmar que un vehículo funciona; necesitamos entender cómo se comportará la solución dentro del sistema operacional”, explica Felipe Barrera, Consultor en Descarbonización de GHD en Chile.

Vehículos, energía e infraestructura: una decisión integrada

Con la electrificación, cada vehículo se transforma en una nueva demanda para el sistema energético. La cantidad de equipos, sus horarios y sus detenciones determinan dónde cargar, cuántos cargadores instalar y qué potencia debe estar disponible.

“Antes de definir equipos y potencias, debemos entender cuándo, dónde y durante cuánto tiempo los vehículos pueden cargar. La infraestructura eléctrica debe formar parte del análisis completo”, precisa Barrera.

La experiencia de GHD en Chile integra análisis de data operacional, benchmark de alternativas tecnológicas, dimensionamiento de infraestructura eléctrica, evaluación económica y estrategias de implementación. El objetivo es abordar el vehículo, el cargador y el sistema eléctrico como partes de una misma decisión, evitando que la disponibilidad de energía se convierta en un nuevo cuello de botella operacional.

Viabilidad económica: más allá del precio del combustible

La electrificación normalmente exige mayor inversión inicial en vehículos e infraestructura. Comparar únicamente los precios del diésel y de la electricidad entrega una visión incompleta. El análisis debe considerar utilización, disponibilidad, productividad, vida útil, mantenimiento y reposición de activos.

La utilización de la flota es especialmente crítica. Los vehículos eléctricos generan ahorros mientras operan, pero si permanecen detenidos por largos periodos o la carga interrumpe el servicio normal, el valor de la inversión se reduce. La pregunta clave no es solo cuánto demora el retorno, sino qué condiciones hacen viable la inversión y cuáles podrían reducir su rentabilidad.

Transición progresiva y gestión de riesgos

No todas las aplicaciones necesitan electrificarse al mismo tiempo. Las mejores oportunidades iniciales se encuentran donde coinciden operaciones rutinarias de alta utilización, tiempos de detención aprovechables e infraestructura factible.

“Una transición progresiva permite incorporar aprendizajes y conservar flexibilidad frente a la evolución de vehículos, baterías y cargadores. También requiere un modelo contractual que defina quién financia, posee, opera y mantiene cada componente, y cómo se asignan los riesgos de disponibilidad y desempeño”, señala Pablo Gaete, Project Manager de Energía de GHD en Chile.

La electrificación de flotas mineras ya no es solo una promesa tecnológica. El desafío consiste en construir evidencia suficiente para gestionar la incertidumbre operacional y avanzar con estrategias implementación que alineen vehículos, infraestructura energética y modelos de negocio sostenibles en el tiempo.












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Fuente: Reporte Minero

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